FACTORES DE RIESGOS PSICOSOCIALES EN LAS FUERZAS PUBLICAS EN LATINOAMERICA

factores de riesgos psicosociales en las fuerzas públicas

factores de riesgos psicosociales en las fuerzas públicas

El presente trabajo se enmarca en la creciente preocupación por los factores de riesgos psicosociales en las fuerzas públicas y causas que hacen que se dé una alta incidencia de suicidios en los agentes policiales en comparación a la media del resto de población. Además, también lo es el aumento de este fenómeno en esta ocupación profesional. Es por ello por lo que se considera una problemática que siempre ha existido pero que en la actualidad toma mayor relevancia por su aumento en los últimos años y tras la pandemia de la COVID-19 (Jorge Clavijo Ruiz,2022)

Entendiendo los factores de riesgos psicosociales en las fuerzas públicas

Al hablar de riesgos psicosociales, estamos advirtiendo un estado de latencia de tensiones sociales generadas desde el seno de cada uno de los actores y que afecta en mayor o menor medida las conductas del otro.

Estas conductas pueden ser manifestadas a través de violencia física, verbal, gestual, ya sea en el ámbito laboral, familiar, en la vía pública, y que claramente desencadenan una reacción que pueden incrementar, o no los niveles de violencia.

A su vez tienen su raíz u origen, como consecuencia de grandes desigualdades socio culturales y económicas, que encuentran una falta de capacidad de adaptabilidad del estado a las dinámicas sociales que fluyen sin atención ni contención, y sin el objetivo cierto de establecer políticas públicas en el ámbito de una nueva modernidad.

Condiciones estructurales que agravan los riesgos

La escasez de oportunidades laborales en determinadas ciudades de algunos estados latinoamericanos, sumado a la precariedad laboral, ha generado migraciones internas e interestatales que no hacen más que incrementar la manifestación de factores de riesgos psicosociales. En virtud del aumento de la concentración demográfica en los principales centros urbanos, que no están en capacidad de dar respuestas desde lo estructural y social, generando como consecuencia un aumento de los conflictos.

Ello determina entonces una situación de precarización social, donde la falta de viviendas, el aumento en los niveles de personas en situación de calle, el difícil acceso al mercado laboral formal, el aumento del subempleo, la ausencia de un núcleo social formador de valores, la caída en los indicadores de escolaridad, la apatía de un gran sector de la sociedad hacia los más necesitados y la ausencia de objetivos o propósitos concretos de vida; determinan conductas que dan origen a factores psicosociales desatendidos que erosionan la cohesión social con consecuencias cada vez más severas.

 

La otredad emerge entonces como un término que en Latinoamérica nuclea estos factores y que pareciera ser observado a través de la mirada de un otro que no soy yo, de una sociedad a la que no pertenezco, no me contiene y por tanto nada tengo para interactuar desde la construcción individual, solo reclamar y juzgar.

Estos factores psicosociales como causas de flagelos que están aumentando cada vez más las tensiones sociales, tanto en la sociedad civil como en los actores de las fuerzas públicas, y entre sí; donde en palabras  de Baumann donde todo se funde y fluye más rápidamente; así lo hacen las relaciones humanas y con ellas la aparición de los denominados riesgos líquidos, conteniéndolos como factores determinantes objetos de esta narrativa.

El papel del analista en seguridad pública

Así las cosas, y para dar inicio al análisis del tratamiento del tema, es importante establecer que estamos en presencia de estructuras comunitarias inestables y que los lazos sociales se están erosionando con notable rapidez. La tecnología omnipresente también ha favorecido a este proceso de alejamiento y falta de sensibilidad frente a la otredad, posicionando los niveles de frustración social cada vez más elevados.

Los analistas generalmente tenemos un perfil muy marcado desde lo técnico, habilidades duras basadas en estrictas tablas de cálculos, normas, procedimientos, marco jurídico y todo un universo de buenas prácticas en seguridad que utilizamos para dar las mejores soluciones a nuestros clientes; sean tanto desde el security como del safety.

Generalmente el analista desarrolla su actividad en orden de prioridades de intervención según el grado de criticidad de los riesgos analizados versus las vulnerabilidades detectadas. En relación con ello, usualmente ponemos atención en los aspectos estructurales, naturales, logísticos y sociales como puntos macro de partida para el análisis de los riesgos.

Abordando de manera segmentada

Ahora bien, es vital detenernos principalmente en el aspecto social, donde luego podemos subdividir esta categoría en las necesarias que nos permita un análisis detallado y profundo de todos y cada uno de los riesgos psicosociales que son aparentes, y aquellos que subyacen en la masa de integrantes de una organización, que en el caso que nos convoca son las fuerzas públicas.

Raramente los analistas nos detenemos en profundizar y bucear en los flagelos que aquejan a estos actores y que son determinantes en su desempeño profesional y operativo, por un lado, y a veces causales de conductas autolesivas por otro; y que a la postre determina una amenaza generalizada con la consecuente manifestación del riesgo en la estructura de seguridad pública.

En seguridad pública, esta manifestación es aún más marcada en virtud de la cantidad de hechos que diariamente se suscitan dado por una sociedad en creciente violencia, fracturada y con escasa cohesión.

Estos índices determinan conductas, vivencias y acciones en nuestros agentes del orden, que ante tal abrumadora realidad presencian un estado de indefensión y soledad inmensos en virtud de la desproporción cuantitativa y cualitativa de los acontecimientos; y que determina una exigencia emocional profesional de alto voltaje para soportar estas tensiones.

En el ámbito privado, si bien articula algunos de los alcances y realidades con la fuerza pública, la situación es similar mas no tan dramática. Pero ello lo único que representa es un menor índice de criticidad sin quitar el foco de atención en la falta de empatía y compresión de aquellos dependientes que prestan sus servicios para la organización, y que son atravesados por flagelos similares.

Principales factores de riesgos psicosociales en las fuerzas públicas

En el incansable y vertiginoso ritmo de evolución social de la mano de la revolución de las tecnologías, los analistas, directores, jefes y lideres debemos estar cada vez más pendientes del humor social de los integrantes de las fuerzas públicas, en razón de poder detectar conductas erráticas, evitando así su transformación en “dolientes sociales”, con el objetivo de contener y acompañar al individuo agregando valor humano y generando una alineación positiva en toda la estructura organizacional.

La puerta de entrada  a la manifestación como dolientes sociales, se produce entonces por las multicausales apariciones  de factores psicosociales, de los cuales vamos a destacar aquellos que estadísticamente afectan al mayor número de efectivos; siendo ellos, la desconexión social, falta de apoyo organizacional, falta de reconocimiento y respeto social (existe una grieta social entre uniformados y sociedad civil), aumento en los niveles de frustración debido a factores económicos, sociales, culturales, históricos y familiares y estrés crónico.

DESCONEXION SOCIAL

Existe una sensación de aislamiento social en nuestros agentes de las fuerzas públicas debido a experimentar una posición de apéndice social. Predomina la idea grupal de desconexión en virtud de transitar cotidianamente situaciones en las que la ciudadanía esta ajena a sus problemáticas como actores sociales.

FALTA DE APOYO ORGANIZACIONAL

Los altos índices de criminalidad en Latinoamérica, y las exigencias de las agencias de gobierno, en relación con el cumplimiento de objetivos estratégico-políticos inalcanzables a las fuerzas de seguridad; generan una demanda laboral sobredimensionada en el agente de seguridad publica generalmente en los niveles operativos, que es difícil de sobrellevar. En virtud de ello, la fuerza no está en capacidad de contener las consecuencias psicosociales generadas, dando lugar a la aparición de frustración y desmotivación. FALTA DE RECONOCIMIENTO Y RESPETO SOCIAL, persiste una imagen de desconfianza y estigmatización social que da como resultado una percepción negativa de las fuerzas de seguridad, generados muchas veces por casos de abuso y corrupción; y que afecta mas a aquellos agentes de buena conducta alineados con los preceptos y buenas prácticas en seguridad.

AUMENTO EN LOS NIVELES DE FRUSTRACION

Dado por la gran cantidad de horas dedicadas al trabajo en relación desproporcional con los ingresos percibidos, generando endeudamientos y escases de recursos económicos para cubrir necesidades básicas de los miembros y sus familias. Además, esta sobredemanda laboral, limita la cantidad de horas dedicadas al descanso, dando lugar como factor de riesgo al estrés crónico; y que viene emparentado con baja calidad de sus relaciones interpersonales y familiares. ESTRÉS CRONICO generado a partir de exposición prolongada a condiciones laborales adversas y situaciones de riesgos. Ello está dado porque, y en relación con los altos índices de criminalidad de Latinoamérica, se aplica sobre el agente de seguridad, una presión psicológica determinada por exigencias poco realistas en la resolución de casos y conflictos sociales, en virtud de un entorno social adverso.

factores de riesgos psicosociales en las fuerzas públicas

Siendo estos algunos de los factores de riesgos que determinan acciones desviadas y empujan a varios de nuestros agentes del orden a adoptar conductas dolosas y autolesivas, como método de mitigación para  transitar o resolver su  flagelo como doliente social, es que nos detendremos especialmente en el intento de suicidio y suicidios consumados como una de las consecuencias que están afectando severamente a las fuerzas de seguridad publicas desde ya hace más de una década con crecientes datos estadísticos.

El suicidio como consecuencia extrema

El suicidio representa un desafío critico de salud pública. La prevención destaca la necesidad de estrategias personalizadas y colaboración interdisciplinaria. La detección temprana implica la identificación de perfiles de riesgos. Las acciones de posvencion contribuyen a la reducción de daños y a la mitigación de impactos negativos en los supervivientes. (Grande Ratti, et al.,2024)

Cada año alrededor de 1.000.000 personas se suicidan en el mundo, constituyendo el 1,5% de las muertes a nivel global. En el año 2019, el suicidio fue la causa más frecuente de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años. (Naghavi et al., 2019).

Las estadísticas indican un aumento en las tasas de suicidios, fenómeno que podría estar asociado al deterioro de la salud mental por mayor prevalencia de depresión y ansiedad, especialmente luego de la pandemia COVID-19 (Kupcova et al.,2023). La asfixia, las armas de fuego, la intoxicación con drogas y alcohol, y el envenenamiento con plaguicidas y productos químicos son los cuatro métodos mas utilizados, representando el 91% de los casos (Organización Panamericana de Salud, 2023).

La disponibilidad de las estadísticas por suicidios en las fuerzas de seguridad de los últimos años, no están al alcance muy fácilmente, en virtud de representar un flagelo estigmatizante y según algunas miradas, seria visibilizar una situación donde los factores de riesgos ya conocidos por muchos no son tratados en relación con la problemática. Nada más alejado a lo que debería ser, en virtud de poder asumir la real dimensión para abordar el problema.

Estudios comparativos internacionales

Por ello que la forma de arribar a conclusiones en los estados latinoamericanos es en base a tablas comparativas de proporcionalidad y semejanzas; en su situación de índices de criminalidad en todas sus tipologías, índices de pobreza e indigencia, índices de deserción escolar en todos los niveles, índices de consumo de drogas duras y blandas y nivel sociocultural y económico de los estratos sociales.

Según una investigación realizada desde el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional, División de Investigación de Seguridad, Análisis y Subdivisión de Suicidio Policial: Guía para una Prevención Eficaz 150 Evaluaciones de Campo de Virginia (EEUU) (Tiesman et al., 2015) la tasa de suicidio entre la policía en dicho país es 3,5 veces más alta que el que pueda sufrir cualquier otro empleado en su puesto de trabajo.

Para ello se analizó el número de casos entre el 2003 al 2010 comprobando que los agentes tenían hasta 2,4 veces más posibilidades de fallecer por suicidio que por homicidio según datos extraídos de la base de datos denominada Census of Fatal Occupational Injury.

Mas estadísticas

 En otros países en cambio la incidencia es reducida como en el caso de Ecuador, tal y como lo indica Dª Nathalie López, donde manifiesta, «La verdad el tema de suicidio en miembros policiales es muy bajo, el año anterior se reportó a nivel nacional 3 casos».  En el extremo contrario se puede encontrar en algunas regiones de determinados países, tal y como se ha presentado en una investigación realizada por el departamento de Salud de la Brigada Militar de Río Grande, junto con la Universidad del Valle de Taquari y la Universidad Pontificia Católica de Río Grande (Brasil) (Gomes, de Araújo, & Gomes, 2018).

 El estudio analiza las causas de muerte de la policía en el estado de Río Grande durante una década, desde el 2006 al 2016, que conforman un total de 31.100 fallecidos los cuales tenían una media de 19 años en el cuerpo siendo hombres el 90,7%.

Los resultados muestran una tasa anual de suicidio del 12,5 por cada 100.000 habitantes, cuando la media en la población general en Brasil este porcentaje únicamente alcanza al 4,9 por cada 100.000 habitantes. Siendo la tasa de suicidio entre la policía mayor de 40 años de 7,3/100.000 mientras que entre los menores de 40 de 18,5/100.000.

En el caso del análisis en función del género las mujeres tuvieron una tasa del 18,8/100.000 mientras que los hombres del 11,9/100.000. Esta investigación muestra cómo los policías más expuestos al suicidio son las mujeres jóvenes (menores de 40 años), por lo que se deberían de incorporar políticas de prevención en este colectivo.

La cuestión social policial: entre el deber y la exclusión

En los últimos 20 años las fuerzas de seguridad públicas se han conformado por individuos con determinadas carencias, ya sea desde lo económico, cultural, político y simbólico, representando a un sector de la sociedad, donde siempre ha prevalecido una distribución desigual de poder desde estas dimensiones identificadas.

Esta distribución desigual, nos conduce a pensar que, en las fuerzas de seguridad, transcurre un constructo de clases sociales, aunque este concepto remite inmediatamente a la dialéctica capitalista en sentido estricto, lo cierto es que es una construcción teórica (aunque real y palpable), basados en procesos efectivos de diferenciación social y que es aplicable para llevar adelante un análisis del impacto que genera en las conductas autolesivas.

A medida que los integrantes de las fuerzas publicas fueron dando respuesta negativa a través de la sintomatología a los factores de riesgos psicosociales, se logró una sinergia desigual en virtud que ella misma fue fagocitando la cultura, los valores, símbolos, tradiciones, costumbres, saberes y dando entonces origen a lo que denomino la “cuestión social policial”.

Un marco social para la busqueda de soluciones

Así las cosas, estamos en presencia de integrantes de la fuerza que pertenecen a un estrato social, pero que esta divorciada de este, como consecuencia de ser funcionario policial. Este es uno de los grandes dilemas y paradigmas que abona la idea de AISLAMIENTO SOCIAL Y FRUSTRACION.

Al parecer, estos cambios no encuentran su paralelismo en las políticas públicas de contención y transformación que los estados deben gestionar y administrar para contener a los “caídos del sistema”. Para muchos de ellos, da la sensación de que cada vez es más difícil correr en el carril del esfuerzo personal, la carga emocional y el estrés postraumático para mantenerse casi inmóvil en el carril de los logros y el reconocimiento.

Esta realidad nos muestra que estos agentes del orden con menores posibilidades en subsunción real al modelo pretendido por el poder político, quedan caídos del sistema, generando fracturas en el entramado entre el actor social y el policía, con tensiones que devienen en conductas reactivas violentas hacia el statu quo.

Hacia soluciones personalizadas y humanas

Desde lo individual se verifica una incoherencia entre los valores que han marcado al hombre racional como tal versus lo aprehendido en la evolución de las sociedades que lo contienen; tal es así que, y expresándolo en palabras de Lacan y Freud, “primeras relaciones y acciones parentales del yo humano/yo corporal”, se vieron amenazadas y afectadas en virtud de los flagelos que atentan contra la estabilidad psíquica y moral de los miembros de las fuerzas de seguridad.

Como consecuencia la fuerza esta padeciendo, desde hace ya varias décadas, individualidades sin un claro objetivo de vida, con barreras morales muy frágiles que buscan el placer momentáneo, para aplacar las dolencias sociales a través del consumo de drogas, estupefacientes o alcohol en el mejor de los casos, o recurrir al suicidio en el peor de los escenarios como medio para resolverlo.

La cuestión social policial entonces emerge como la reacción de los agentes ante la frustración por no ser protagonistas y no ser tenidos en cuenta, tanto desde la institución como desde la sociedad misma.

El desafío futuro: seguridad pública en la era digital

Además, la cuestión social policial a nivel global está sufriendo transformaciones que avizoran aun un problema más grave, y que está íntimamente relacionado a la Revolución 4.0, como lo llaman algunos autores a raíz del advenimiento de la IA. Ello al parecer marca que en el futuro, no habrá empleo para muchos de los que hoy lo poseen; de hecho, varios expertos en relaciones laborales están analizando la posibilidad de un ingreso universal por el solo hecho de “existir”.

Ante este escenario, se ha verificado un incremento en las postulaciones a los institutos de formación como aspirantes en las fuerzas de seguridad, marcado fundamentalmente en las grandes urbes y su adyacencia geográfica. Esta tendencia muestra que determinados aspirantes eligen atravesar el proceso de formación y lograr alcanzar la graduación, buscando el propósito de una salida laboral estable y su respectiva asistencia de social.

Reflexiones finales

A través de la perspectiva de la seguridad pública, nos obliga a pensar que estamos atravesando una crisis en este sentido basada en la fragilidad de la cuestión social global que afecta a la cuestión social policial, que se ha instalado y está deteriorando violenta y rápidamente a las fuerzas y su relación con la sociedad civil.

También nos coloca en real dimensión del cómo abordar soluciones ante la problemática del suicidio en las fuerzas de seguridad, ya no solo desde los liderazgos y procedimientos duros; sino que estamos obligados a incorporar habilidades blandas basadas en inteligencia emocional, con el objeto de asimilar la real dimensión multifactorial de la problemática para el diseño de políticas públicas, centradas en el individuo en virtud de recomponer el entramado social fundado en valores, sentido de pertenencia, parentalidad responsable y altruismo.

Se advierte entonces que el cambio hacia enfoques personalizados “a medida”, no solo aumenta la efectividad de las interacciones, sino que también fomenta un trabajo colaborativo, creando servicios más específicos contextualmente, promoviendo el compromiso y cerrando la brecha traslacional entre la producción de evidencia de investigación y la implementación en el mundo real (Hanlon et al.,2023).

Lic. Guillermo Fogelman

 

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