Percepción del miedo al delito: impacto en el análisis de riesgos y las políticas públicas

Percepción del miedo al delito

Cuando la ciudadanía menciona el miedo al delito, en muchas ocasiones lo hace posicionado desde una perspectiva que bien puede ser autoconstruida generando una sensación de seguridad no realista, un miedo realista o un miedo al delito no realista; lo cual nos marca que existe un desvío entre el miedo al delito y la percepción del miedo al delito.

La diferencia entre miedo al delito y percepción del miedo al delito

Ello genera escenarios diferentes que a su vez determinan acciones y diseños de políticas públicas en el ámbito de la criminalidad que deben atacar la cuestión desde distintos ángulos de manera integral, siempre partiendo de un status conocido y habiendo identificado los factores de riesgos al que están sometidos determinados grupos sociales, o al menos la percepción del delito a lo que suponen que están sometidos.

Cuatro escenarios posibles ante la percepción del miedo al delito

Este punto de inicio o punto de partida lo llamamos diagnostico inicial, y es a partir de aquí que se nos plantean cuatro escenarios posibles: una tasa de delitos alta combinado con un nivel de miedo bajo. Lo cual determina una sensación de seguridad no realista y en el cual debemos intervenir con acciones necesarias como control delictual y políticas públicas de sensibilización de la población para adoptar medidas de autoprotección.

Una tasa de delitos alta con un nivel de miedo alto, determinando una percepción del miedo al delito realista que nos obliga a adoptar medidas de reducción del delito junto a otras medidas para reducir el miedo. Una situación ideal donde el actor social percibe un miedo al delito bajo y en congruencia con una tasa de delitos baja, donde no es necesaria ninguna intervención, más allá del monitoreo de los indicadores.

Por último el escenario donde la tasa de delitos es baja con una percepción de miedo al delito alta, lo que nos indica una percepción de miedo al delito no realista, y para este caso las intervenciones necesarias estarán apuntadas a la reducción del miedo.

El desafío de medir la percepción del miedo al delito

La real dimensión del problema no radica en el diagnostico, como así tampoco en el tratamiento para mitigar, anular, transferir o aceptar el riesgo cuando atacamos el aspecto social de percepción de miedo al delito. El gran desafío yace en los problemas de medición del miedo al delito en cualquier grupo social, ya que esta realidad es cada vez mas subjetiva y basada en constructos de peldaños, muchas veces por experiencias negativas, propias o de terceros, desinformación o mala información que terminan atravesando y formando posturas sin un sólido fundamento factico.

Es por ello, que en varios estudios se ha observado frecuentemente que la inseguridad ciudadana objetiva y la percibida son divergentes, y que, en un contexto objetivo de delitos en decrecimiento, crece, por diferentes razones la percepción de inseguridad. A ello lo llamamos “Problemas en la definición y operacionalización del miedo al delito”.

Incorporar la percepción del miedo en los análisis de riesgos

Este puente nos permite conectar analógicamente al momento de llevar adelante nuestros análisis de riesgos y en el cual debamos identificar factores de riesgos sociales dentro de la organización o urbanización pública o privada.

Mas allá de la detección de los factores estructurales o naturales a las que pueda estar sometida la organización, es vital la correcta operacionalización de la variable “miedo al delito” y su vinculación con las acciones correctivas aplicadas a la arquitectura de seguridad, para que en las encuestas de retroalimentación del plan de seguridad que se ha diseñado para la organización, los indicadores apunten a una situación  donde converjan y sean congruentes la percepción del miedo y la realidad.

Encuestas y retroalimentación: la clave para corregir desajustes

Muchas veces nos encontramos ante la desazón de detectar valores similares en las encuestas de satisfacción durante el seguimiento de la implementación del plan y su etapa previa, habiendo la organización invertido en recursos materiales, humanos y tecnológico para incrementar los niveles de seguridad.

Con gran objetividad puedo afirmar que el desafío está en la medición de la percepción del miedo y la operacionalización de esta variable; con lo cual y parafraseando a Hale “no es necesario tener varias alternativas de medición en la encuesta pre y post implementación, solo la pregunta abierta… Que tan seguro se siente Ud. caminando/trabajando/viviendo en su vecindario/organización y porque?

Al ser una pregunta de múltiples opciones y generadora de razones y causas, podrán expresarse en ella las varias preocupaciones de los actores sociales, para luego contrastarlas con la etapa de evaluación de las medidas adoptadas, permitiendo desplazar una ideación hacia la sobre estimación del miedo al delito y otorgando validez a nuestro trabajo para superar los problemas originales.

Lic. Guillermo Fogelman.

 

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